Un análisis desde la neurociencia cognitiva
Los trastornos específicos del aprendizaje (TEA) constituyen una de las principales causas del fracaso escolar en el mundo actual. Estos trastornos afectan a un porcentaje significativo de niños en edad escolar, generando dificultades que impactan no solo en el rendimiento académico, sino también en su desarrollo emocional y social. Entender las bases neurocognitivas que subyacen a estos trastornos es clave para diseñar estrategias terapéuticas y pedagógicas eficaces.
En este contexto, un estudio realizado por un equipo de investigadores de la Universidad Laica “Eloy Alfaro” de Manta, Ecuador, liderado por el doctor Yusel Iraklys Salazar Guerra, aportó valiosos hallazgos acerca del rendimiento intelectual y la memoria de trabajo en niños con TEA. El trabajo, publicado en 2020, evaluó a 102 niños, de entre 7 y 13 años, divididos en dos grupos: un grupo de estudio con niños diagnosticados con trastornos específicos del aprendizaje y un grupo control con niños de rendimiento escolar adecuado.
¿Qué son los trastornos específicos del aprendizaje?
Los TEA engloban una serie de dificultades específicas en áreas académicas fundamentales, como la lectura (dislexia), la escritura (disgrafía) y las matemáticas (discalculia), sin que exista una discapacidad intelectual general ni problemas sensoriales que expliquen las dificultades. Estos trastornos no solo limitan el desempeño académico, sino que también afectan la autoestima y el bienestar emocional del niño.
El estudio de Solórzano Mendoza, Alcívar Ruiz, Muñoz Aveiga, Jaramillo Macías, Fernández Fernández y Salazar Guerra (2020) pone en evidencia que detrás de estos trastornos existen alteraciones en funciones cognitivas básicas, particularmente en la memoria de trabajo y el rendimiento intelectual.
Metodología del estudio
La investigación adoptó un diseño descriptivo, de casos y controles. En total participaron 102 niños entre 7 y 13 años, distribuidos en dos grupos iguales de 51 niños cada uno. El grupo de estudio estaba compuesto por niños con diagnóstico de TEA, mientras que el grupo control incluía niños con un desempeño escolar normal para su edad y contexto.
Para evaluar el rendimiento intelectual, se aplicaron pruebas estandarizadas que miden diferentes capacidades cognitivas, tales como razonamiento verbal, memoria, velocidad de procesamiento y capacidad de resolución de problemas. Para medir la memoria de trabajo, se utilizaron instrumentos diseñados para evaluar la capacidad de almacenamiento y manipulación temporal de información, función fundamental para procesos complejos como el aprendizaje, la comprensión lectora y el razonamiento matemático.
Los datos recolectados fueron analizados a través de métodos estadísticos descriptivos y comparativos, incluyendo medidas de tendencia central y dispersión, y la prueba t de Student para determinar diferencias significativas entre grupos.
Resultados principales
Los resultados evidenciaron que los niños con trastornos específicos del aprendizaje presentan un rendimiento intelectual significativamente inferior en comparación con el grupo control. Más importante aún, se detectaron alteraciones claras en los componentes de la memoria de trabajo. Estas diferencias no son casuales ni menores, sino que muestran un patrón consistente que puede explicar, en buena medida, las dificultades escolares y psicológicas que enfrentan estos niños.
Las deficiencias en la memoria de trabajo afectan la capacidad para mantener y manipular información de manera eficiente durante actividades académicas, lo cual dificulta procesos como la comprensión lectora, la resolución de problemas matemáticos y la ejecución de tareas complejas. Por ello, la memoria de trabajo se ha reconocido como un factor clave en el aprendizaje y el rendimiento intelectual.
Implicaciones clínicas y educativas
Los hallazgos del estudio subrayan la necesidad de implementar evaluaciones neuropsicológicas detalladas en niños con sospecha de trastornos específicos del aprendizaje. Detectar alteraciones en la memoria de trabajo y otras funciones cognitivas permite diseñar intervenciones personalizadas que no solo aborden el contenido académico, sino que también fortalezcan las capacidades cognitivas subyacentes.
Intervenciones basadas en la neurociencia aplicada, que combinan entrenamiento cognitivo con estrategias pedagógicas adaptadas, pueden mejorar notablemente el desempeño y bienestar de los niños afectados. Además, comprender que estas dificultades tienen un origen neurocognitivo ayuda a desestigmatizar el problema y a fomentar un enfoque más empático y efectivo por parte de padres, docentes y profesionales de la salud mental.
El valor de la investigación interdisciplinaria
El trabajo realizado por el grupo de investigación en neurociencias cognitivas de la Universidad Laica “Eloy Alfaro” es un ejemplo destacado de la importancia del trabajo interdisciplinario. La colaboración entre psicólogos, psiquiatras y educadores posibilita un abordaje integral que contempla tanto las bases biológicas como las manifestaciones conductuales y emocionales del aprendizaje.
Este enfoque integral es indispensable para diseñar programas de apoyo que realmente transformen la experiencia educativa y emocional de los niños con TEA.
Conclusión
Los trastornos específicos del aprendizaje son una problemática compleja que requiere atención desde múltiples frentes. El estudio de Salazar Guerra y colegas (2020) aporta evidencia clara sobre la presencia de alteraciones en el rendimiento intelectual y la memoria de trabajo en niños con TEA, elementos fundamentales que explican las dificultades académicas y psicológicas asociadas.
Este conocimiento no solo abre nuevas vías para el diagnóstico temprano y preciso, sino que también orienta la creación de intervenciones más efectivas, enfocadas en fortalecer las capacidades cognitivas y promover el bienestar integral de los niños afectados.
Para profundizar en los detalles del estudio, puedes consultar la publicación original aquí.

