Estudio preliminar en la población cubana
Con una esperanza de vida en constante aumento, comprender las afecciones asociadas al envejecimiento, como la demencia, se ha vuelto más importante que nunca. Según la Organización Panamericana de la Salud, la esperanza de vida promedio en las Américas ha aumentado en más de 20 años durante el último medio siglo, lo que ha intensificado las preocupaciones sobre enfermedades neurodegenerativas como la demencia. Un estudio encabezado por los investigadores Y. Broche-Pérez, Z. Fernández-Fleites, B. González, M.A. Hernández Pérez y Y.I. Salazar-Guerra profundiza en las percepciones y el conocimiento sobre la demencia en la población cubana.
Metodología del estudio y hallazgos clave
Publicado en la revista Neurología en 2021, este estudio exploratorio de corte transversal encuestó a 391 personas en Cuba, con edades comprendidas entre los 18 y los 96 años. El objetivo del estudio fue indagar en los conocimientos y creencias del público general sobre la demencia y su prevención. Los participantes fueron reclutados estratégicamente en diversos espacios públicos como estaciones de autobuses, parques y cafeterías, con el fin de garantizar una representación demográfica diversa.
Los resultados de la encuesta ofrecieron un panorama interesante. Solo el 11% de los participantes identificó la demencia como su principal preocupación de salud, aunque esta apareció como la cuarta enfermedad más preocupante en general. A pesar de la percepción tradicional de la demencia como un destino inevitable hacia el deterioro cognitivo, existen numerosas evidencias que indican que su riesgo puede reducirse mediante ciertos cambios en el estilo de vida. De forma sorprendente, el 64.5% de los encuestados creía que el riesgo de demencia podía disminuirse, aunque una parte significativa no sabía cómo lograrlo de manera efectiva.
La estimulación cognitiva y el mantenimiento de una dieta saludable fueron las medidas preventivas mencionadas con mayor frecuencia. Estas actividades fueron consideradas beneficiosas, aunque su incorporación en la vida cotidiana era limitada. Curiosamente, más del 60% de los participantes sugirieron que los esfuerzos de prevención deberían comenzar después de los 40 años, lo cual concuerda con la evidencia que resalta la importancia de las intervenciones en la mediana edad.
Sin embargo, se evidenciaron discrepancias entre el conocimiento y la acción. Aunque muchos reconocieron el valor de la actividad física y los ejercicios cognitivos, la participación real en estas prácticas fue baja. Esto revela una brecha importante entre la comprensión de los factores de riesgo y la implementación de estrategias preventivas en la vida diaria.
Implicaciones para las políticas de salud pública y futuras direcciones
El estudio pone de relieve la necesidad crítica de implementar políticas de salud pública que aumenten la conciencia y fomenten un conocimiento práctico sobre la prevención de la demencia. Con Cuba posicionándose entre los países con mayor proporción de personas mayores en América Latina, y considerando la correlación entre el envejecimiento y el riesgo creciente de demencia, es fundamental dotar a la población de herramientas que les permitan actuar de forma temprana.
Las intervenciones deben centrarse en ampliar el alcance del conocimiento público, incorporando una variedad de medidas preventivas como la actividad física regular, las actividades cognitivas recreativas y las modificaciones en la alimentación. Las campañas educativas deben tener como objetivo transformar ese conocimiento en conductas habituales, integrando estas acciones preventivas en la vida diaria de las personas.
El hecho de que la mayoría de los encuestados considere que la prevención debe comenzar después de los 40 años señala la necesidad de cambiar este paradigma. Las investigaciones han demostrado que las intervenciones tempranas —idealmente antes o durante la mediana edad (entre los 30 y 40 años)— pueden influir significativamente en la trayectoria de la salud cognitiva en la vejez. Por lo tanto, las iniciativas educativas deben orientarse a recalibrar la percepción pública sobre cuándo es “demasiado pronto” o “demasiado tarde” para actuar contra la demencia.
Conclusión y contribuyentes al estudio
Esta investigación preliminar sirve como una base importante para el desarrollo de intervenciones y políticas de salud dirigidas. Al arrojar luz sobre las percepciones públicas y las brechas en el entendimiento, esta investigación proporciona un punto de partida crucial para las iniciativas orientadas a reducir la prevalencia e impacto de la demencia.
El trabajo diligente de Y. Broche-Pérez, Z. Fernández-Fleites, B. González, M.A. Hernández Pérez y Y.I. Salazar-Guerra, de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas y otras instituciones académicas, representa un paso esencial hacia la priorización de la demencia en las agendas de atención sanitaria, al igual que la gestión de otras condiciones crónicas como la hipertensión y la diabetes. Al poner énfasis en la educación preventiva y la acción, se abre la esperanza de fomentar un futuro donde la demencia no solo sea mejor comprendida, sino también significativamente reducida como una de las principales preocupaciones de salud.
Comprender y actuar sobre los factores de riesgo de la demencia puede empoderar a los individuos y las comunidades, transformando el conocimiento en acción preventiva y llevando a poblaciones de mayores más saludables. Los hallazgos de este estudio cubano no solo destacan creencias localizadas, sino que también contribuyen al diálogo global sobre la mejor manera de abordar el creciente desafío de la demencia en nuestro mundo envejecido.

